Las ondas de choque focales y las ondas de presión radial no son la misma tecnología. Aunque ambas suelen agruparse bajo la expresión “ondas de choque”, difieren en cómo generan el estímulo, cómo distribuyen la energía y qué profundidad pueden alcanzar. Comprender estas diferencias es necesario antes de interpretar parámetros, seleccionar un equipo o trasladar un protocolo entre dispositivos.
En el video anterior se resumen tres diferencias fundamentales: magnitud de la energía, distribución del estímulo y profundidad o alcance. A continuación se desarrollan estas ideas y sus consecuencias para el razonamiento clínico.
¿Qué son las ondas de choque focales?
Los equipos focales generan una onda acústica mediante sistemas electrohidráulicos, electromagnéticos o piezoeléctricos. Aunque el mecanismo cambia entre dispositivos, el objetivo es concentrar una proporción relevante de la energía en una zona focal situada a una profundidad determinada.
Esto permite que el máximo estímulo no tenga que quedar necesariamente en la superficie. Sin embargo, “focal” no significa que todos los equipos tengan la misma zona focal, la misma energía ni el mismo comportamiento. El aplicador, el generador y la configuración del dispositivo siguen siendo determinantes.
¿Qué es la presión radial?
En los dispositivos radiales, un proyectil acelerado —habitualmente mediante aire comprimido— impacta sobre el aplicador y produce una onda de presión que se transmite desde la superficie hacia los tejidos. La mayor presión se encuentra cerca del aplicador y el estímulo se dispersa y atenúa conforme aumenta la distancia.
Por esta razón, “onda de presión radial” es una denominación físicamente más precisa que “onda de choque radial”. La distinción no es meramente semántica: ayuda a evitar que dos fenómenos diferentes se interpreten como equivalentes.
Tres diferencias entre ondas focales y presión radial
1. Magnitud y expresión de la energía
Los equipos focales suelen describir la exposición mediante densidad de flujo de energía, expresada en mJ/mm². Los radiales suelen mostrar presión en bar, además de frecuencia e impulsos. Estas unidades describen variables distintas y no existe una conversión universal entre bar y mJ/mm².
Por ello, copiar un valor desde una publicación o desde otro equipo sin identificar la tecnología, el aplicador y la forma de calibración puede producir una dosis que no sea comparable.
2. Distribución del estímulo
La onda focal concentra energía alrededor de una zona focal definida por las características del equipo. En la presión radial, el estímulo es máximo en la superficie y se distribuye de forma divergente desde el aplicador.
Esta diferencia afecta el volumen expuesto y la forma de abordar el área clínica. No implica que una distribución sea siempre superior: la elección debe relacionarse con la estructura, la profundidad, el objetivo y el razonamiento del profesional.
3. Profundidad y alcance
Las ondas focales pueden alcanzar zonas más profundas y concentrar allí su energía. La presión radial tiene un efecto predominantemente superficial, con una disminución progresiva de la energía a medida que se aleja del aplicador.
La profundidad anunciada por un fabricante tampoco debe interpretarse de forma aislada. Es necesario revisar el aplicador empleado, la zona focal efectiva y la documentación técnica del dispositivo.
¿Significa esto que una tecnología es mejor que la otra?
No de manera general. La pregunta útil no es “¿cuál es mejor?”, sino “¿qué tecnología es coherente con este objetivo, esta profundidad y esta condición clínica?”. La selección debería considerar, al menos:
- la condición y el objetivo clínico definidos tras la evaluación;
- la profundidad y las estructuras sensibles de la zona;
- la evidencia disponible para esa indicación y esa tecnología;
- las características reales del equipo y su aplicador;
- la tolerancia, la respuesta y los criterios de reevaluación.
Además, una denominación comercial no basta para identificar qué fenómeno físico genera un dispositivo. Antes de comprar o utilizar un equipo, conviene revisar su principio de generación, documentación, parámetros y respaldo técnico. Puedes ampliar este proceso en cómo elegir un equipo de ondas de choque y en la guía para detectar equipos dudosos antes de comprar.
La tecnología también modifica el perfil de seguridad. Revisa las contraindicaciones y precauciones según el campo de aplicación y la energía.
Implicaciones para la dosificación
Diferenciar focal y radial es el primer paso para interpretar una dosis. Después deben registrarse el equipo, el aplicador, la intensidad mostrada, la frecuencia, los impulsos, la técnica, la tolerancia y la respuesta clínica. Dos protocolos con el mismo número de impulsos pueden representar exposiciones muy distintas.
Revisa el proceso completo en cómo dosificar ondas de choque en siete pasos. La guía de ondas de choque para fisioterapeutas organiza además tecnología, indicaciones, seguridad, dosificación y reevaluación dentro del clúster.
Conclusión
Las ondas focales y la presión radial comparten un campo de uso, pero no son equivalentes. Se diferencian en la magnitud y expresión de la energía, su distribución y su alcance. Reconocer estas diferencias permite interpretar mejor la literatura, seleccionar tecnología con criterio y evitar la transferencia automática de parámetros entre equipos.
Recursos para continuar
- Descarga el manual gratuito de ondas de choque.
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Fuentes y lecturas
- International Society for Medical Shockwave Treatment. Guidelines for ESWT.
- Revisión sobre principios físicos, terminología y parámetros de las tecnologías focal y radial.
- Recomendaciones internacionales sobre el uso de ondas de choque en medicina deportiva.
Autor: Iván Silva Satlov, kinesiólogo y director académico de FisioRegenerativa Lab.
Revisión editorial: FisioRegenerativa Lab. Consulta nuestra política editorial.
Contenido educativo dirigido a profesionales sanitarios. No sustituye la evaluación clínica individual ni constituye un protocolo universal.